Flautista Horacio Franco en 36 Aniversario del CECUT

Flautista Horacio Franco en 36 Aniversario del CECUT

 Fotografía: Alfonso Lorenzana

Juanita Flores

 

Tijuana.- Un tipo excéntrico, con mucha adrenalina. Energía explosiva que brotó por los huecos de la flauta dulce, la cual, la noche de anoche dejó de serlo y se convirtió en el pico de oro de un jilguero apasionado.

Todos los que han pasado por secundarias técnicas recordarán la dificultad que es coordinar los movimientos de los dedos sosteniendo  la flauta, la cantidad de aire en los pulmones que se necesitaba albergar, la precisión que se requiere para dejarlo fluir y sostener una nota sin que esta suene a silbato del carro de camotes de una tarde de verano por la ciudad.

Juro que el fondo negro del escenario del teatro del Centro Cultural Tijuana se tiñó de colores que brotaron desde los labios apretados a la boquilla de este instrumento musical, uno de los más peculiares, y maravillosamente  ejecutado en las manos, labios, y corazón de Horacio Franco.

Arrogante Soberbio, compulsivo, delirante, interpretación de conciertos para flauta en re,  en sol o en do, este virtuoso de la flauta atrapa a sus escuchas con esa magia que tienen los poseedores del don, en sus interpretaciones no hay muchos momentos para el relajamiento, el artista entra al escenario y capta la atención con su vestuario fuera de serie, la noche de anoche, con tenis de color oro, un apretado pantalón de piel en rojo y una camisa negra abierta con brillos en tono rojizo, no da tregua para el descanso, todos sus músicos acompañantes estuvieron de pie, colocados en medio circulo y el maestro de la flauta en medio, marcando el paso, jalando el ritmo hasta subir a tonos que si fuera garganta, dolería por tal esfuerzo pues cortan el aliento.

El delirante movimiento de sus dedos sobre los hoyuelos de la flauta deja sin respiro a los espectadores, que se olvidan de todo y solo aprecian la habilidad de la técnica del maestro. Si alguno de ustedes ha ido a la ciudad de Cancún, México, sabrá lo que relato, al bajar del avión y salir del aeropuerto, el primer sonido distintivo es la algarabía musical de las aves en los arboles, tienen un fandango, una fiesta, una locura de gorjeos, trinos y tamborileos sobre los arboles que aturde o confunde, según le gusten o no al visitante.

Así, el maestro, fue un colibrí multicolor, un cenzontle musical, un jilguero revoloteando con su pecho colorido de luces sobre el escenario del centro cultural Tijuana, celebrando sus 40 años de vida artística y siendo anfitrión en la fiesta de celebración del centro en su 36 aniversario.

La gente complacida y emocionada, especialmente las damas, pues el artista concedió la foto y el saludo personal al término del concierto, Franco departió su desbordante energía y vitalidad con su público que llenó el lobby con risas, nerviosismo y gusto por la música de Orquesta de Cámara, la cual, después de Horacio Franco, no se vuelve a apreciar igual.